#MujeresQueEscriben

La Transformación

Taller de escritura

Diciembre, otro día de mucho calor en Buenos Aires. Tenemos la sensación de que año se nos viene encima, pero una participante de los talleres trae una idea que levanta el ánimo: los espacios de escritura y lectura son una “resistencia”. Ella reconoce que es una idea un poco gastada, un lugar común, pero que así lo siente. Porque mientras todo el mundo habla del precio del dólar, de las medidas del ministerio de Economía, de cómo “pegarla” y «hacer guita», un grupo de personas hacemos un lugar para escucharnos. Para habitar un tiempo distinto. Y sobre todo, propio.

(Y no es que no queremos “pegarla”. Solo que en un sentido distinto: buscamos que lo que escribimos conmueva, se entienda, le llegue a alguien, nos quede en el papel tal como lo imaginamos)

Esas ideas de la resistencia me acompañaron toda la semana. Saber que alguien siente así este espacio, me da más ganas de llevarlo adelante y también más responsabilidad.

Me acordé de esto mientras hojeaba el libro de Maite Alvarado y Gloria PampilloEl taller de lectura y escritura. Con las manos en la masa. Allí las autoras cuentan sobre el surgimiento de estos espacios. Recuerdan que durante la última dictadura argentina, surge un boom de los talleres literarios y los grupos de estudio en espacios culturales privados. ¿Por qué? Porque las instituciones oficiales estaban vaciadas ideológica e intelectualmente.

Dicen Alvarado y Pampillo que los talleres de esos años eran “Reductos a los que no llegaba el haz de luz inquisidor, a su cobijo se producía, se leía lo que habla sido arrasado de vidrieras, mesas de librerías y listas de bibliografía de escuelas y facultades, se discutía, se pensabaVerdaderos focos de resistencia. Gracias a ese trabajo subterráneo, las facultades contaron, desde la reapertura democrática, con un cuerpo docente capacitado para hacerse cargo de las cátedras, y cuya pasión, alimentada en los años de resistencia, ha actuado de contrapeso a lo exiguo del salario.”

50 años después, seguimos buscando en las palabras un espacio para vivir, pensar y sentir. Que en este cierre de año no perdamos el entusiasmo de seguir escribiendo y construyendo nuestros propios refugios en medio del caos.

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