Por Rocío Cortina y Gabriela Mayer
Nota publicada en Infobae, 19 de octubre de 2026
¿Escribir es un oficio solitario o, en realidad, todo lo opuesto? ¿Escribir puede ser una manera de conjurar la soledad? ¿Quiénes nos acompañan en este oficio muchas veces incierto? Nuestro nuevo libro, el intercambio epistolar Escribir (no) es un oficio solitario (Milena Caserola), reúne unas cuarenta cartas en torno a estos y otros interrogantes.
Fue inevitable que, al retomar la tradición epistolar, termináramos reflexionando sobre las diferentes fases del proceso de escritura, las obsesiones al corregir y los retos a la hora de publicar y presentar un libro. A lo largo de un año y medio de cruce de correos electrónicos -correlato moderno de las cartas-, también compartimos textos inéditos, lecturas y recuerdos.
Este intercambio comenzó de manera espontánea, luego de la Feria del Libro de Buenos Aires en 2023, donde nos conocimos presentando la novela Zambullidas o la educación acuática (Cortina, 2022) y el libro de cuentos Sueños como cuchillos (Mayer, 2022).
Una tomó la iniciativa con un primer mail, después de leer los cuentos de la otra, para trabajarlos en sus talleres de escritura. La respuesta llegó con entusiasmo inmediato y encendió la chispa de la conversación.
En una época dominada por la inmediatez y la saturación de notificaciones que genera la maraña digital, la correspondencia nos sumergió en otro tipo de sintonía: el de la respuesta diferida.
En palabras de Silvina Friera en la contratapa: “la carta en el siglo XXI, en este presente atravesado por el avance de la Inteligencia Artificial (IA), tiene un sentido disruptivo porque implica volver a los tiempos ‘lentos’ y a la espera en una sociedad que se consume en el vértigo de una inmediatez sin fondo”.
LAS CARTAS, UN ESPACIO DE CONVERSACIÓN
Ninguna escribía cartas desde hacía años; rescatarlas fue también una apuesta por esas charlas pausadas que hoy cuesta tanto cultivar. Este ejercicio, que sucede en la ausencia de uno de los interlocutores, exige paciencia y voluntad a la par para ese diálogo demorado. Por suerte, lo encontramos a ambos lados.
Así, este libro reúne los correos que nos escribimos entre mayo de 2023 y junio de 2024, desde aquel primer encuentro organizado por Milena Caserola en La Rural hasta la Feria del Libro de Tandil, adonde viajaríamos juntas un año después.
En estas cartas que cruzamos entre Villa Pueyrredón y Villa Santa Rita fuimos descubriendo numerosas coincidencias. Entre ellas, que no solamente compartimos editorial y carrera universitaria, Ciencias de la Comunicación en la UBA, sino que ambas trabajamos en comunicación institucional y transitamos periodismo y talleres paralelamente a la escritura.
Entre una feria y otra, el intercambio epistolar se fue entrelazando con presentaciones de nuestros libros, charlas en bibliotecas, viajes y cafés. La correspondencia iba construyendo un espacio propio, a mitad de camino entre la conversación y la escritura.
Y cada correo que llegaba nos fue acompañando también en el proceso de dar forma a nuestros siguientes libros: los volúmenes de cuentos Pases de magia (Cortina, 2024) y Nunca podemos descansar del todo (Mayer, 2025).
ESCRIBIR CARTAS ¿UN MUNDO EXTINTO?
Ninguna lo tenía muy presente al momento de empezar, pero -mucho tiempo atrás- las dos contábamos con cierta experiencia en el mundo, casi extinto, de las cartas.
Una de nosotras tenía una madrina que se había ido a vivir a Boston cuando ella era una niña. Empezó a escribirle y ese intercambio terminó convirtiéndose, casi sin proponérselo, en un ejercicio narrativo. Las cartas permitían contar, inventar y mirar la propia vida desde otro lugar.
En el caso de la otra, cuya familia judío-alemana había emigrado escapando del nazismo, toda su infancia estuvo marcada por las cartas que iban y venían. Siempre eran las mujeres las encargadas de la correspondencia: sus abuelas se escribían con parientes dispersos por el mundo e incluso con vecinos en Alemania. Más tarde, cuando su propio hermano partió a Brasil durante la guerra de Malvinas, conoció la alegría del sobre bajo la puerta y de sostener, así, una conversación a la distancia.
ACOMPAÑAMIENTOS EN LA ESCRITURA
Escribir (no) es un oficio solitario también fue conformando una cartografía personal de nuestras propias experiencias de acompañamiento en la escritura: tanto en talleres grupales como en clínicas de obra. Así, fuimos trazando este recorrido donde emergieron nombres de quienes nos guiaron y nos enseñaron a lo largo de este camino y de los propios talleres que coordinamos.
Para una, el recuerdo de clínicas inolvidables con Mario Goloboff primero y con Inés Fernández Moreno después. Más tarde, hizo realidad el sueño de abrir un espacio propio con el Taller Contar el Cuento. Así descubrió que disfruta enormemente de acompañar a cada participante en la búsqueda de su propia voz para contar sus historias. Y, también, de ir tejiendo comunidad a partir de la lectura y la escritura compartidas.
En el caso de la otra, fueron los grupos de escritura, a los que asistió desde sus veintipocos, los primeros espacios donde encontró maestros y maestras, lectores y lectoras. Allí descubrió la importancia del aprendizaje colectivo en este oficio. Con el tiempo, esas experiencias dieron lugar a los talleres en La Transformación Escritura, el espacio que coordina desde hace diez años, como una forma de compartir el ejercicio y el placer de leer y escribir, y de acompañar a otros y otras en la tarea.
YA NO ESTAMOS SOLAS
Al ritmo de los mails, fuimos tejiendo más que un intercambio: nació una amistad que trascendió lo estrictamente literario. El cruce de cartas llegó a su fin al terminar nuestros nuevos libros, los volúmenes de cuentos Pases de magia y Nunca podemos descansar del todo.
Entretanto, escribirnos fue nuestra forma de recuperar el arte de la conversación, de reencontrarnos en una época en la que nunca estuvimos rodeados de tantos dispositivos, pero, a la vez, nunca nos sentimos tan solos.
Por eso, este libro terminó desafiando la idea de que la escritura es un oficio solitario. Al publicar estas cartas, se sumó otra mirada: nosotras dos y el lector o lectora. Ya somos tres. Apostamos a contagiar las ganas de escribir y de cultivar la pausa. Porque, del otro lado, siempre habrá alguien dispuesto a conversar.
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