#MujeresQueEscriben

La Transformación

Taller de escritura

Por María José Gadea 

Ayer era el día reservado para escribir. Me levanté, desayuné, llevé a mis hijas a la escuela. Preparé mi cuaderno, mi birome. Estaba por empezar. Tomé una foto. La subí a las redes. La eliminé porque me di cuenta que había escrito la palabra exorcizar con “s”. Me pareció terrible. Subí la foto nuevamente con la palabra escrita de forma correcta. Pasó mi media hora para escribir. No escribí nada. Me fui a dar clases. Después volví a casa. Tendí camas, barrí el piso lleno de migas de la cena de la noche anterior. Preparé una tarta de zapallitos. Mientras la hacía, pensaba que es mucho trabajo y que después a mis hijas no les gusta la tarta de verduras. Me resulta muy tedioso pensar todos los días en almuerzos, cenas, media tarde y la mar en coche. No soy de las que les sale preparar el fin de semana el menú de toda la semana. Seguramente sería más fácil, pero he dejado de pelear con esa versión mía que no existe y nunca existió. Creo que al final la mejor opción siempre es el bife o la milanesa. Aunque mi hija mayor ya me pregunta de dónde sale la milanesa y se me revuelve el estómago de sólo pensarlo. 

Al mediodía las busqué por la escuela. Almorzamos. Salimos al sol. Desde hace un tiempo intento aprovechar las siestas para estar con ellas y salir al sol. Mis análisis hormonales no dieron muy bien. Parece que hay que exponerse más al sol por la insulina, el cortisol, la vitamina D y muchos etcéteras más. Les propuse llevarlas a la plaza a andar en bici. A los cinco minutos de salir de casa, Oli, la más chica, empezó a llorar porque tenía hambre. Más específicamente “hambre de chicle”. También quería que la empujara en su bici pero no por la espalda. Su pedido era que mi puño envolviera su puño, que agarraba el manubrio. Cualquier mínima variante desencadenaba nuevamente el llanto. A esa altura la que quería llorar y salir corriendo era yo. 

Un rato más tarde volvimos a casa, compramos algo para la cena. Me encerré a atender pacientes online. Salí a las ocho de la tarde. Lo único que quería era meterme a la cama con Mati a ver series. 

Ayer era el día para escribir pero la vida. 

Ayer era el día para escribir pero las hormonas. ¿Habrá algún estudio que relacione escritura y bienestar hormonal? 

Ayer era el día para escribir pero la bici y el puñito. 

Ayer era el día para escribir pero el trabajo. 

Ayer era el día para escribir pero las redes sociales. 

Ayer era el día para escribir y mientras iba, venía, llevaba, traía, cocinaba, estudiaba, barría, algo se iba gestando dentro mío.

 

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